Imágenes de la semana

Paradero los abetos

La reunión fue hermosa, sin mayores escándalos. Macarena se despidió de sus invitados y entró a su casa para seguir con su próspera vida pero lo que Macarena no imaginaba era que sus amigas recorrerían un largo camino para llegar a sus respectivas chosas.

Las micros pasaban y pasaban y con ellas se iban las esperanzas de poder llegar a una hora moderada. La desesperación comenzó a invadirnos. Poco a poco comenzamos a enloquecer. María Rosa hablaba sin parar y al darse cuenta de lo que sucedía decidió armonizar el ambiente con su música cebolla. La voz de Arjona quedó enmudecida ante el estrepitoso sonido de las micros. De pronto vimos una luz de esperanza: era nuestra micro. Daniela con gran agilidad logró alzar su dedo índice dejando  de lado su celular para poder detener la tan esperada micro, María Rosa al darse cuenta de lo ocurrido comenzó a gritar que la micro se acercaba. Valentina reaccionó tarde. La micro pasó hecha un bólido por nuestro lado y casi se lleva consigo la mano de Daniela. El micrero confundió el freno con el acelerador. Daniela hizo un comentario sobre la probable violación de un pasajero por parte del micrero para explicar lo acontecido. Se habló de retornar a la casa de Macarena o de recurrir a nuestros padres pero el inconfundible enfurecimiento de Valentina ante lo ocurrido la llevaría a pensar en algo que nos marcaría de por vida, caminaríamos hacia “la libertad”. La interminable cruzada había comenzado. Valentina y María Rosa  llevaban la delantera. La mirada de Rosa al mirarnos denotaba picardía. Con Daniela decidimos que debíamos dar respuesta a esa mirada y comenzamos a correr cual Lola corriendo por las calles para pasar a Rosa. Todo ocurrió casi en un segundo. Maria Rosa cambió su mirada, en sus ojos se veía la furia. Daniela corría felizmente sin entender lo que esto significaría. Valentina perpleja alegaba y exigía una explicación mientras corría, yo entretanto luchaba conmigo misma para poder continuar corriendo.

 El dolor comenzó a invadirnos. La adrenalina y el miedo nos envolvían, los pies flaqueaban pero el espíritu continuaba su lucha, la desesperación y la ansiedad nos carcomían, las vejigas a punto de sucumbir nos obligaban a alegar y gritar, poco a poco nos hundimos en la profundidad de la noche, árbol tras árbol paradero tras paradero, las micros y los autos se volvían difusos, las calles eran desiertos interminables, la sensación era deplorable al igual que las calles, el hedor a cerveza y resaca se encontraba impregnado en las calles mas no nos detuvimos, continuamos para poder llegar, para poder vivir, buscábamos nuestro destino.

Finalmente llegamos. María Rosa retomó la cordura, Valentina se sentía realizada y comenzó a ver las micros que pasaban, Daniela solo quería un helado, yo por otro lado buscaba un baño desesperadamente, de pronto Valentina divisó una micro y gritó que esa era nuestra micro, estábamos salvadas y etc etc.